martes, 3 de noviembre de 2015

Agnes Csirmaz Formación a la Llegada en Santiago


Como la voluntaria novata en Amigos da Terra he recibido la invitación regular a la formación a la llegada, que fue organizada esta vez en Santiago de Compostela. Lo que yo sabía de esta ciudad es el destino final de la famosa peregrinación, el Camino de Santiago y todos nos dijeron que esta ciudad es muy hermosa, pero llueve mucho allí. Con estas expectativas empaqué mi mochila - preparado para el peor clima lluvioso en Galicia -y empecé el viaje con mi compañero de piso Kostas de Grecia y tomamos un tren rápido a Santiago. 







El propósito de esta semana fue para conocer a otros voluntarios de Galicia e invertir algo de tiempo para obtener información sobre el servicio voluntario (como los derechos y obligaciones, los seguros, las posibles dificultades que puedan surgir y sobre las 8 competencias clave que tenemos que trabajar durante nuestro servicio voluntario) y establecer nuestras metas. 


El programa fue muy completo, pero gracias a nuestros formadores Ruth y Montse y nuestro mentor Manu toda la semana fue una gran y maravillosa experiencia. 

Desde el primer momento nos llevamos tan bien como si hubieramos sido amigos desde siempre. Había alrededor de 20 personas con el mismo interés, con el mismo entusiasmo y con la misma curiosidad de toda Europa: Irlanda, Grecia, Rusia, Italia, Lituania, Austria, Ucrania y Polonia.  
 





 

Teníamos un programa completo todos los días, pero cada parte de la formación fue muy interesante. Ahora sé más sobre España, ya que teníamos un concurso divertido para conocer lo mejor y también sé más de otros países, ya que teníamos la oportunidad de presentar nuestros propios países para los demás. 

Hicimos nuestra propia experiencia con el aprendizaje no formal y participamos en diferentes juegos y actividades para descubrir cómo reaccionamos en situaciones desconocidas o cómo trabajamos en equipo. Ahora sé que es posible recibir la receta del pulpo, aprender un canción española en la calle y cambiar una pluma por un billete, luego por una púa, luego por un chicle y luego por una coca-cola.



Nos cargamos de energía y simplemente queríamos que el día nunca termina. Por la noche hicimos nuestras propias actividades tal como aprender español, meditar con un futuro “peace architect”, bailar polaco danza tradicional, aprender trabalenguas en otros idiomas, probar las variedades infinitas de pinchos y tapas o ir a salir.

No nos dimos cuenta que estábamos haciendo recuerdos y aprendiendo nuevas cosas mientras estábamos allí. Me gustaría mantener esos recuerdos, amistades y conocimientos nuevos para siempre.
Y una información adicional: éramos el grupo más afortunado de todos los tiempos, ya que no estaba lloviendo durante toda la semana, sólo empezó después de que nos marchábamos.
Agnes Csirmaz

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