martes, 11 de agosto de 2015

Experiencia de SVE de Theresa Waldmueller


Ha venido el momento de reflexionar sobre los diez meses que pasé en Galicia y que acabaron el último de Junio. Fueron, sobre todo, meses del nuevo: de vivir nuevas experiencias, probar y aprender nuevas cosas, conocer a gente y hacerse nuevos amigos.  Así pude ver y vivir fiestas tradicionales y para mi totalmente desconocidas (y a veces un poco raras) como el Magosto, el carneval loco de Ourense y la fiesta de San Juan, tuve la oportunidad de visitar paisajes magníficos como los canyones de sil, las Islas Cíes y las montañas verdes de Galicia. Nunca me olvidaré de actuar en las calles de Ourense con un fantástico grupo de teatro, de jugar el Fútbol Gaélico en la lluvia sin saber las reglas y con gente que me habla en Gallego, de las noches largas en los vinos y, claramente,  de estas tardes en las termas, al lado del río y en nuestra terraza – solo para dar algunos ejemplos.



Además, aprendí un montón. Por supuesto, el idioma. Creo que puedo decir que, desde el primer día cuando quiso pedir algo sin pescado y acabé comiendo un sandwich de atún hasta ahora he mejorado bastante. Pero no fue solo esto, fue de integrarse, de abrirse y aceptar, además y muy importante: de trabajar con otros, en un entorno nuevo, y de resolver conflictos – en el trabajo como en el piso y la vida personal.
Tampoco quiero olvidarme de las cosas que aprendí en la oficina y en el proyecto. Ahora sé perfectamente cómo se hace el compostaje doméstico (ya puedo dar un curso a la gente en casa – gracias a María), sé algunas cosas sobre permacultura,  cómo se desarrolla un proyecto propio, cómo se hace actividades con jóvenes, cómo se escribe informes y evaluaciones, cómo se organiza una acción en la calle, ...



Ya echo de menos Galicia, a la gente allí, los Gallegos y los extranjeros,  la vida internacional con su mezcla de idiomas, estereotípos y chistes raros que no se entiende, la naturalidad de tomar un pincho de tortilla con un café con leche en un grupo de cuatro o cinco nacionalidades, hablando spanglish y haciendo un intercambio de palabras y expresiones imprescindibles  de sus lenguas maternas.



No quiero decir que todo fue perfecto durante todo el rato, por supuesto hubo tiempos difíciles, hubo conflictos y dificultades. Pero al final, los momentos bonitos fueron muchísimo más, y la experiencia buena es la que queda.

Quiero decir gracias a todos quienes pude conocer, a los otros voluntarios que compartieron la experiencia y el piso conmigo (Cláudia, Giorgio, Aurélie, Eszter) y a todos de Amigos da Terra por hacerme posible experimentar el EVS allí.




Es cierto que, aunque todavía no sepa cuando, volveré a Galicia y Ourense porque me he quedado encantada. Hasta la próxima!

Theresa Waldmueller


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